Zoológico de citas

Mientras Fiona vive a más de mil millas de distancia en el Zoológico de Cincinnati, su novio Timothy, que reside en el Zoológico de San Antonio, se aseguró de que su tercer cumpleaños fuera ... Zoológico . Conéctate con la naturaleza recorriendo los senderos de nuestro zoológico y disfruta de la compañía de 350 animales de 80 especies rescatadas del tráfico ilegal de fauna silvestre. Estamos reconocidos con un mérito ambiental y primer puesto a nivel mundial con la mayor tasa reproductiva de mono tití gris. Frases de zoológico: Instalación en la que se exhiben animales dentro de los recintos expuestos al público y en las que también pueden ser criados: el término jardín zoológico se refiere a la zoología, el estudio de los animales... Una colección de frases y citas sobre el tema del fauna. Un total de 5 citas, filtro: Recomendado; Popular; Último „Por el amor de Dios, no os bajéis la puta película e id al cine. El laberinto del fauno es una labor de amor muy profunda de mi parte y no sólo una película más en la lista del e-mule. ... Eludir la fauna del zoológico ... Frases, Citas y Refranes zoológico para Facebook y Twitter. Qué poco vale uno ya! Hasta las ratas se suben a ensuciar la azotea de los pensamientos. El Santurario Natural El Tular te ofrece la posibilidad de gozar de un lugar donde se puede disfrutar de la naturaleza, muy cerca de la ciudad capital, en un ambiente tranquilo y seguro. Paseos, caminatas, tiro con flecha y arco, piscina natural, montar bicicleta y muchas otras actividades son las que puedes realizar dentro de El Tular. De acuerdo a la información ofrecida por Zoodom, las citas deberán ser realizadas con una anticipación mínima de 48 horas y pueden ser establecidas por redes sociales, correo, teléfono y ... Entonces, sé que ya mencioné el zoológico, pero pensé que esto merecía su propio lugar. Puede ser bastante costoso, pero en lo que respecta a las ideas de citas, es algo que ninguno de ustedes olvidará. 91. Encuentra algo turístico en tu área que ninguno de ustedes haya hecho y hazlo In English El geriatra Vince Perrelli a menudo brinda cuidados a pacientes con COVID-19 en su trabajo, pero eso no le impidió al médico de 77 años tener citas y encontrar amor, incluso en el estacionamiento de un zoológico.. Durante la primera cita de Perrelli con su novia actual, la pareja se encontró en un zoológico que estaba cerrado y comió una barbacoa que pidieron en un ... Los frases sobre zoológico más interesantes de autores de todo el mundo: una selección de citas divertidas, inspiradoras y motivadoras sobre zoológico.

Marc, la sucia rata (Marc y el Policía, extracto)

2019.02.22 18:45 0010110101102011 Marc, la sucia rata (Marc y el Policía, extracto)

MARC Y EL POLICIA
-¿Cómo se llama?
-¿Usted es policía o algo así?
-Algo así.
-Y, dígame, "Algo así", ¿usted cree que decirle mi nombre me dará una razón para vivir?
-. Las preguntas las hago yo.
-¡Guau!, igual que en las series de televisión, oficial.
-No soy un oficial. Dígame cómo se llama
-Marc. Para los amigos: La Sucia Rata.
-¿Por qué quiso arrojarse bajo las ruedas de ese tren en marcha?
-Si hubiese intentado arrojarme bajo las ruedas de un tren detenido, mi caso seria mucho más grave, oficial.
-No me llame oficial y responda lo que le pregunta ¿Por qué quiso tirarse bajo un tren?
-Porque quería vivir una experiencia nueva.
-Una experiencia suicida.
-Su sagacidad me impresiona.
-Vea, Marc, usted le ha provocado a los ferrocarriles del estado un gran trastorno.
-Confiaba en que sería el último, oficial.
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-¿Por qué anda vestido así?
-¿Así cómo?
-Con aspecto de pordiosero.
-Mi aspecto no me preocupa, oficial, de todos modos no soy como me gustaría ser.
-¿Pero usted no tiene ninguna vocación?
-Sí, tengo una, vocación de suicida. Esa es la mía. Soy un perfecto inútil.
-No se apresure Marc, nadie es perfecto, quiero decir nadie es inútil.
-Qué fallido, oficial.
-No sea sarcástico. Cualquiera tiene alguna utilidad, sólo hay que tratar de encontrarla. Todos los seres existen para algo. Hasta usted.
-¿Está tratando de ayudarme o está diciendo su discurso del adiós?
-Estoy intentando entusiasmarlo con la vida.
-Lo único que consigue es desalentarme, oficial.
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-Algo tiene que hacer, Marc, trabajar, estudiar, lo que sea, pero no puede pasarse la vida sin hacer nada.
-Oficial, me defrauda una vez más, ¿usted cree en la acción por la acción?
-Lo que yo creo es que tiene que hacer algo, nadie puede estar bien de la cabeza sin hacer nada.
-La acción es sólo un gasto de energía, oficial, no es más que epilepsia.
-¿Y para no ser un epiléptico, usted no hace nada en todo el día?
-Sí que hago oficial.
-¿Qué hace?
--Me tomo el trabajo de respirar quince veces por minuto.
-¿Y cuando está en su casa, respira y mira el techo?
-No, oficial, escribo.
-¿Escribe qué?
-Un libro.
-Ah, entonces usted es escritor. No será como ser abogado, pero ya es algo. ¿Y cómo se llama su libro?
-"Los Pro y los Contra de Hacer Dedo".
-Bueno, el título siempre puede cambiarse por uno mejor..., ¿para cuándo piensa terminarlo?
-Para dentro de dos o tres años, si la policía no me interrumpe antes.
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-¿Pero usted se negó a responder?
-Por supuesto, oficial, cualquier otro ciudadano en mi lugar hubiese hecho lo mismo.
-¿Y él cómo reaccionó?
-Se enfureció, golpeó el escritorio y me trató de subnormal.
-¿Y entonces fue cuando usted se puso loco?
-Digamos que me puse peor, oficial, porque loco estoy siempre.
-¿Y qué hizo?
-Le dije que yo no estaba dispuesto a dialogar con alguien cuya calidad humana desconocía.
-¿Y qué necesita conocer del jefe de policía?
-No sé... Saber si cultiva petunias en otoño, por ejemplo.
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-¿Por qué uno no puede suicidarse tranquilamente, oficial?
-Porque es horrible desear la muerte.
-La muerte no es algo horrible, oficial, es sencillamente no estar más. Yo, antes de nacer, no estaba en esta vida, y eso nunca me molestó. Puede creerme.
-Los que se suicidan jamás podrán ir al paraíso.
-Sí, ya lo sé. Ahí irán los policías, los abogados, los religiosos, los psicólogos y los porteros, la gente limpia. Yo soy una sucia rata, oficial. A mí el paraíso celestial, con sus angelitos tocando todo el día esas insufribles arpas, me resultaría más insoportable que el infierno.
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-Tenía que ser usted... Dígame qué está haciendo en esta esquina.
-¿Prefiere que le cuente la verdad o que le responda algo que usted pueda creer?
-No intente confundirme y dígame qué está haciendo acá.
-Estoy esperando a una chica.
-Justo aquí, frente a la central de policía. ¿Cómo se le ocurre hacer una cita en este lugar?
-De la misma manera que se me ocurriría hacer una cita en otro lugar.
-¿Entonces por qué no se le ocurrió citarla en otro lugar?
-Fue ella la que me citó a mí.
-Y no vino.
-¿Cómo lo sabe?
-Porque lleva más de una hora en está esquina.
-Su informe es correcto, oficial.
-El comisario general lo ha visto desde su ventana y ha preguntado quien es ese sospechoso.
-Dígale que no tiene porqué preocuparse, que soy yo esperando a una chica.
-Pero usted está completamente loco.
-Sí, desde que era un espermatozoide. Entre nosotros, oficial, ¿usted cree que vendrá?
-Usted está loco.
-Eso ya está aclarado, oficial, lo que le pregunto es si cree que ella va a venir.
-El que hace las preguntas soy yo.
-Esa frase la sacó de alguna serie de televisión
-Es imposible hablar con un loco.
-Depende, oficial, hay locos y locos.
-Terminemos.
-Eso es lo más sensato que le he escuchado decir.
-Terminemos.
-No hace falta que lo repita, le dije que era lo más sensato que le escuché, pero tampoco es una genialidad como para andar repitiéndola, oficial. De todas maneras, como usted dice, "terminemos”, esto no da para más. Yo seguiré aquí esperando a mi chica y usted puede ir tranquilo a explicárselo a todas las unidades.
-¿Usted cree que me ha convencido con esa absurda historia de que espera a una chica frente a la central de policía?
-No quiero que piense que la voy de sagaz por la vida, pero en ningún momento lo vi muy convencido.
-Dígame qué está haciendo acá.
-Si le digo realmente por qué estoy aquí me lo va a creer menos que la historia de la chica. -¿O sea que me mintió?
-No exactamente.
-¿Qué quiere decir con eso de "no exactamente"?
-Que no es que le haya mentido sino que no quise alterar su equilibrio mental Esa historia de la chica me pareció lo más acorde a su estructura de pensamiento. -Terminemos.
-Eso ya lo dijo antes y después empezó de nuevo.
-Porque usted le ha mentido a la policía.
-Pero, oficial, ¿qué esperaba que hiciese? El día que todos le digamos la verdad a la policía va el mundo entero a la cárcel, menos la policía, claro.
-¿Qué dice?
-Nada importante, oficial, estaba reflexionando en voz alta.
-¿Reflexionando?
-Sí, es una costumbre que tenemos los desuniformados.
-Dígame de una vez por todas qué está haciendo frente a la central de policía.
-¿Antes o después?
-¿Antes o después de qué'?
-¿Antes de que llegara usted o ahora?
-Antes. ¿Qué estaba haciendo, antes, en actitud sospechas frente a la central de policía?
-Estaba esperando que me matara una bala perdida.
-Eso es lo más inverosímil que he escuchado en toda mi vida.
-¿Ve? Lo que a usted le parece inverosímil, para mí es lo más natural. No hay caso, oficial, usted y yo no vamos a entendernos jamás.
-Desaparezca inmediatamente de mi vista.
-¿Desaparición instantánea como de ciencia ficción?, ¿o puedo irme caminando?
-Hágalo como quiera, pero ya mismo.
-Si llego a desaparecer como en las películas de ciencia-ficción a usted lo internan.
-Váyase.
-Me voy, pero cierre los ojos y cuente hasta ciento cincuenta porque yo camino despacio, oficial.
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-¿Qué hace en un tugurio como éste?
-¿Me recomienda otro mejor, oficial?
-Cállese. Las preguntas las hago yo.
-Oh, Harry, qué duro estás hoy, no he hecho nada malo Harry, no soy un buscapleitos, sólo estaba tratando de divertirme con mi chica y mi navaja.
-Deje de hablar de ese modo.
-¿No le gusta mi voz?
-No me gusta nada de usted, Sucia Rata Marc, ni siquiera su nombre.
-Justo hoy, oficial, qué pena.
-¿Qué tiene de particular el día de hoy?
-Que llueve y necesito un poco de ternura.
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-¿Qué tal, Marc, cómo se encuentra?
-Socialmente desfasado.
-¿Qué fue lo que ocurrió en el banco?
-Le regalé un puñado de maníes a cada cajero.
-¿Por qué hizo eso?
-¿Le digo la verdad o le invento algo más creíble?
-Dígame la verdad.
-Porque hoy es lunes, oficial.
-¿Y qué tiene que ver que hoy sea lunes?
-Que los lunes el zoológico está cerrado Yo no tenía ni idea de que hoy era lunes y ya había comprado los manies.
-Dígame por qué fue al banco. Pero esta vez quiero que me cuente la verdad, ¿entendido? -Ya se la conté, oficial.
-Entonces ahora invente algo más creíble.
-El plan lo ideó Henry. En el grupo somos tres: Henry, que es el cerebro, Johnny, que es la fuerza bruta y yo.
-¿Y usted qué viene a ser?
-El asesor espiritual del grupo. Como le decía, el plan lo ideó Henry, pero a Johnny, que es demasiado musculoso, el traje de viejita inválida le iba fatal, por eso a mí se me ocurrió distraer la atención tirándoles maníes a esos lechosos cajeros.
-¿Y por qué no se puso usted el traje de viejita?
-No me diga que se creyó esta historia, usted me da miedo, oficial, no puede ser que sea tan geométrico.
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-Oficial, mis amigos hacen apuestas.
-¿Apuestas?
-Sí. Eso es ilegal, ¿verdad?
-Depende, ¿hacen apuestas por dinero?
-Claro, qué gracia.
-¿Y a qué apuestan?
-Unos a que voy a suicidarme y otros a que no lo voy a hacer nunca.
-Sus amigos están locos.
-Si no lo estuvieran no serían amigos míos, oficial. Lo que yo quiero saber es qué opinión le merece eso de que hagan apuestas conmigo como si yo fuese una bolilla de lotería.
-Opino que lo único que le interesa a usted es ser un centro de atención y vive haciendo disparates para conseguirlo.
-Le pedí su opinión, oficial, y no que me clasificara según su manual para guardianes del orden. ¿Usted apostaría a que voy a suicidarme o a que no?
-Los policías no hacemos apuestas.
(-------------------------------------)
-Feliz día de la locura, oficial.
-¿Así que hoy es el día de la locura?
-Sí, oficial, festéjelo en familia.
-¿Y quién declaró ese día?
-Habrá sido algún loco suelto, oficial.
-Por casualidad, ¿llamado Marc?
-La sucia rata de Marc, efectivamente.
(-------------------------------------)
-¿Esa gente son amigos suyos?
-Sí, son amigos míos, pero no me pregunte de dónde ni cómo se llaman porque no tengo ni la más remota idea.
-¿Y que hace usted aquí con estos drogadictos?
-Somos buenos amigos, oficial.
-¿O sea que usted también es drogadicto?
-Eso de "drogadicto" es sensacionalismo, oficial, digamos que la droga y yo nos llevamos estupendamente.
-Ahora comprendo.
-No lo puedo creer.
-Es la droga la que le hace decir tantas estupideces.
-Si fuera así usted tendría que confesar con que se da, oficial.
-No haga el papel de joven rebelde.
-Okey, oficial, pero déjeme ir.
-Lo voy a dejar ir con una condición.
-La que quiera.
-Que se presente en la comisaría el lunes a las siete de la mañana.
-Lléveme arrestado ya mismo.
-¿Qué dice?
-Oficial, soy absolutamente incapaz de levantarme a las siete de la mañana. (-------------------------------------)
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2017.07.01 23:15 topoeta Un clasico

Tilingos
Por Arturo Jauretche
CONFIRMADO me propuso este tema. Pensé entonces que era la oportunidad para ofrecer una respuesta, entre las muchas que pueden articularse, a un interrogante que plantea José Luis de Imaz en Los que mandan; "¿Por qué, no obstante su peso económico, su rol en la modernización, y haber sido innovadores tecnológicos, los empresarios no pesan en la vida del país?".
O pesan al revés. Este es el caso de ciertos tipos de grupos económicos capitalistas, adscriptos a la política de la Sociedad Rural, ya consolidados dentro del viejo sistema agro-importador, que prefieren un mercado interno pobre en condiciones de monopolio a un mercado en crecimiento en condiciones de competencia, como los que apoyaron la política de contención del progreso en las Juntas Reguladoras de la Década Infame. Sólo que éstos sí saben lo que quieren.
Pero no voy a hablar de economía, sino del tema propuesto; de la forma en que la tilinguería impone sus pautas, y cómo ellas están perturbando el desarrollo de la inteligencia nacional y sus impulsos creadores.
Y ésta es cosa de que debe tomar cuenta también el político militante, si es que no sabe que el comité ha muerto definitivamente. Porque los estados de opinión, entre los cuales tiene importancia fundamental el slogan que surge de la cuestión de los status, pesan mucho más que una recluta que sólo vale para las elecciones internas.
En el Espasa Calpe se lee tilingo: "Argentinismo: Insustancial, ligero, que habla muchas tonterías". Segovia, en su Diccionario de Argentinismo", expresa: "Dícese de la persona simple y ligera que suele hablar muchas tonterías".
Los paisanos, de un tipo así, dicen; "Hombre sin fundamento".
Don Hipólito -desde luego, Yrigoyen es el Hipólito por antonomasia- decía "palangana". Supongo a esta expresión tradicional y fundada en la poca cosa y mucho ruido de la enlosada al caer retumbante.
Usted lo conoce al tilingo. Y si no lo conoce, ahí lo tiene al lado, en esta mesa de un café céntrico donde se han sentado cuatro o cinco tipos con portafolios. Algún día habrá que escribir la historia del hombre del portafolio. Hubo la etapa de la posguerra con los "ingenieri" italianos recién llegados que escondían bajo el cuero -con una sugestión de planos y patentes de invención- el sandwich de milanesa del almuerzo. Ahora es posible que el portafolio contenga la cuarenta y cinco persuasiva, o la concluyente tartamuda portátil.
Pero esos que están en la mesa de al lado sólo llevan allí sueños, proyectos, hipotéticas transacciones. Andan a la búsqueda de enganchar algo, intermediar en alguna operación cualquiera para ganar una comisión, y muchas veces intermediando entre intermediarios. Generalmente se ayudan con el teléfono de un amigo que tiene escritorio y al que han pedido permiso para que les "dejen dicho". Ese teléfono, la mesa del café y el portafolio constituyen su establecimiento comercial.
Mientras llega "el asunto*', hablan de fútbol, de carreras, de política, de economía.
Cuando tocan estos dos temas últimos, nunca faltará quien diga: "Lo que pasa es que los obreros no producen". Ahí está el tilingo. No se le ha ocurrido averiguar qué es lo que él produce y qué producen todos ellos, puntas sueltas, mallas erradas en la enorme red de intermediación que es Buenos Aires.
Que un tipo que no produce diga, en una reunión de tipos que no producen, que no producen los únicos que producen algo, es tilinguería. En esto de producir, tenemos muchos productores rurales por el estilo que creen que la condición de productor la da la propiedad de una estancia, unos breeches y unas botas de polo, que viven en la ciudad -"porque mi señora dice que hay que educar a los chicos"- y dan una vuelta por el campo cada quince días. Productores rurales son los que trabajan y producen en el campo, que pueden ser patrones o peones, pero no los que no intervienen en la producción sino como propietarios, y que son rentistas aunque no arrienden. Estos también son de los que dicen que los "obreros" no producen. Y ya no desde la posición marginal del tipo del portafolio, sino empinándose como "fuerza viva" sobre la que descansa la economía del país.
Inevitablemente, éstos y otros representantes de la tilinguería son los que, ante la menor dificultad, califican al país: "Este país . de m...", colocándose fuera del mistao a los efectos de la adjetivación. Y la verdad es que el país lo único que tiene de eso son ellos: los tilingos.
El racismo es otra forma frecuente de la tilinguería.
La tilinguería racista no es de ahora y tiene la tradición histórica de todo el liberalismo. Su padre más conocido es Sarmiento, y ese racismo está contenido implícitamente en el pueril dilema de "civilización y barbarie". Todo lo respetable es del Norte de Europa, y lo intolerable, español o americano, mayormente si mestizo. De allí la imagen del mundo distribuido por la enseñanza y todos los medios de formación de la inteligencia que han manejado la superestructura cultural del país.
Recuerdo que cuando cayó Frondizi, uno de esos tilingos racistas me dijo, en medio de su euforia: -¡Por fin cayó el italiano! Se quedó un poco perplejo cuando yo le contesté: -¡Sí!, lo volteó Poggi.
Muchos estábamos enfrentados a Frondizi; pero es bueno que no nos confundan con estos otros que al margen de la realidad argentina, tan italiana en el presidente como en el general que lo volteó, sólo se guiaban por los esquemas de su tilinguería.
Ernesto Sábato, con buen humor, pero tal vez respirando por la herida, ha dicho en Sobre héroes y tumbas más o menos lo siguiente: "Más vale descender de un chanchero de Bayona llamado Vignau, que de un profesor de filosofía napolitano". La cita me chocó en mi trasfondo tilingo (fui a la misma escuela y leí la misma literatura) porque tengo una abuela bearnesa también Vignau, tal vez más que por lo de Bayona, por lo de chanchero (vuelvo a recordar que fui a la misma escuela, etcétera).
La verdad que ni el presidente ni el general son italianos. Simplemente son argentinos de esta Argentina real que los liberales apuraron cortando las raíces.
Pero la idea liberal o sarmientina no era ésa. Ella tenía, y tiene, una escala de valores raciales que se identifican por los apellidos cuando son extranjeros. Arriba están los nórdicos -con escandinavos, anglosajones y germánicos-; después siguen los franceses; y después los bearneses y los vascos; más abajo los españoles y los italianos, y al último, muy lejos, los turcos y los judíos. Cuando yo era chiquilín nunca oí nombrar a un inglés -que generalmente era irlandés, pero la diferencia era muy sutil para entonces- sin decir "Don", aunque estuviera "mamao hasta las patas". El francés, a veces, ligaba el Don; y en ocasiones, el vasco. Jamás el español, que era "gallego de...", lo mismo que el italiano "gringo de...". ¡Para qué hablar del turco y del ruso.'
En La condición del extranjero en América, Sarmiento parece revisar sus tesis sobre la inmigración. Pero no nos engañemos: se sintió defraudado por la misma porque vino del Mediodía de Europa. El hubiera querido una inmigración de arquetipos, y los arquetipos son los que estaban en lo alto de su escalera antiamericana y antiespañola.
Afortunadamente fracasó, y eso es lo que nos ha salvado como nación. En algún lugar he recordado las palabras de Hornero Manzi cuando me dijo: -Lo que nos ha salvado es la actitud del italiano y el turco, que en lugar de proponerse como arquetipos, propusieron como tal al gaucho; así, en el ridículo del cocoliche se nacionalizaron en lugar de desnacionalizarnos. Sólo falta imaginar lo que hubiera ocurrido si las pampas y las aldeas se hubieran poblado de los ejemplares arquetipos deseados por ese racismo, con la actitud de obsecuencia de las generaciones liberales para todo lo foráneo.
Ya se ha dicho que esa tilinguería racista viene de lejos.
Pero se acentúa cuando se producen cambios sociales. Entonces, la tilinguería se exacerba en una peyorativa actitud racista. Pasó con el acceso al poder del radicalismo. Los tilingos de entonces cargaron el acento sobre los apellidos italianos de la nueva promoción política suscitada con el ascenso de la clase media: la pequeña burguesía inmigratoria y los doctores de primera napa nacional.
La oposición conservadora adoptó un aire peyorativo que se tradujo en toda una literatura política, que fue del periódico -La Mañana y La Fronda, sucesivamente, fueron sus expresiones más calificadas- hasta el discurso parlamentario. Se jugaba, por ejemplo, con la equívoca significación de algunos apellidos; así, la triple fórmula Coulom-Coulin-Culacciatti, que integraba, con la igual finalidad peyorativa hacia los criollos desconocidos, don Julio del C. Moreno -un personaje riojano- completaba el ridículo en la imagen anal. Hasta cuando el apellido era patricio se lo modificaba para ponerlo a tono: así, padeciendo Yrigoyen de un posible mal de las vías urinarias, el doctor Meabe, su médico de cabecera, se convertía en el doctor Meabene para adecuarlo a la cita siguiente que era la de un correligionario de la 3a Don Plácido Meo.
En realidad, para los que lo escribían no se trataba de otra cosa que de un recurso humorístico. Pero para el tilingo de entonces el fundamento más real, el que más invocaba, el que más jugaba, era ese de los "gringos", Y lo de "gringos" sólo jugaba para los descendientes de inmigrantes provenientes del Mediodía de Europa. No para los otros.
Pasó mucha agua bajo los puentes, y vino otro movimiento multitudinario: el de 1945. Ya los gringos se habían incorporado y su presencia política no lesionaba a la tilinguería, no sé si es porque de las nuevas promociones ascendentes habían salido también promociones de tilingos. Sólo así puede explicarse que un hijo de italianos -Sammartino- haya hablado despectivamente de los "negros" al referirse al "aluvión zoológico", en una caracterización evidentemente racial y peyorativa, cuando aún estaba fresca la tinta que lo había calificado a él también peyorativamente.
Que "el gringuito" de unos pocos años atrás se sienta vieja clase frente a los descendientes de los conquistadores en la confrontación de sus apellidos no revela simplemente que "el gringuito" se ha incorporado a la tilinguería. Lo grave es que se ha frustrado como guarango. Y la guaranguería es la espontaneidad de las nuevas clases, de las promociones que irrumpen con cada ascenso de la sociedad, porque los dos grandes movimientos populares del siglo -el de 1914-16 y el de 1943-45- han sido la expresión de eso: de ascensos masivos.
No corresponde aquí desentrañar las raíces económico-sociales de los dos hechos históricos; ni siquiera la coincidencia con las dos guerras mundiales que nos aislaron de los países arquetipos en una neutralidad intolerable para los tilingos, pero que dio las bases para una consolidación propia.
Usted puede hacer un fácil test. Yo lo he hecho.
Sé que un fulano se ha gastado 15 millones de pesos en un departamento de la Avenida del Libertador. Nos encontramos y le adivino la intención de informarme de su compra, como corresponde al guarango. Pero yo quiero saber si está frustrado como tal y lo madrugo diciéndole antes de que me dé la noticia:
-Estoy muy afligido por un amigo que se ha gastado más de 10 millones en un departamento de la Avenida del Libertador... -¿Y por qué se aflige? -me pregunta inquieto. Le contesto: -Y... porque la Avenida del Libertador no es "bien"... -Pero entonces..., ¿qué es "bien"? -pregunta desesperado. -"Bien" es de la plaza San Martín hasta la Recoleta, de Santa Fe al Bajo. Y dentro de ese radio. "bien", "muy bien", el codo aristocrático de Arroyo, como dice Mallea: Juncal, Guido, Parera. . .
Le veo en la cara al hombre que está desesperado. Y entonces, lo remato: -La Avenida del Libertador es como tener un leopardo de tapicería sobre el respaldo del asiento trasero del coche.
El leopardo lo tiró a la vuelta. Del departamento no sé.
Pienso que lo hecho es una crueldad, pero la investigación "científica" es así... cruel como la vivisección.
Yo quería saber si el hombre era un burgués con toda la barba o un tímido burguesito en camino de terminar en tilingo. El que es verdaderamente burgués sigue adelante, cumple su gusto, se realiza con la arrogancia del vencedor y compra en la Avenida del Libertador, precisamente porque es caro, porque acredita su victoria y la prestigia ante los burgueses. Si quiere barrio, compra; y si quiere apellido y mujer distinguida, compra también. Podría citar casos. Pero no se achica, se disminuye; no se acomoda a los esquemas y limitaciones de los tilingos.
De aquí que mientras en Europa y en Estados Unidos un banquero o un industrial miran a un ganadero como un "juntabosta", aquí el ganadero lo mira por arriba del hombro al empresario. Y el empresario, que quiere ser "bien", se ve obligado a comprar estancia, a tener cabaña -así sea de perros-, porque sólo por la Rural, y tal vez por el Kennel Club, puede lograr ascenso social que apetece.
Lógicamente esta burguesía, desde que imita a la vieja clase, se somete a todas sus normas y, por consecuencia, también en política. Ese sometimiento y esa adhesión a las viejas clases -incongruente económicamente- no sólo se ejerce verticalmente. También horizontalmente, cuando contemplamos la geografía social del país.
Así, los titulares de los intereses vitivinícolas de Cuyo y los tabacaleros, azucareros y fruticultores del Norte, que necesitan un mercado interno de alto poder de compra -es decir, que el Litoral desarrolle una política de alto nivel de vida-, están ligados políticamente a los conservadores del Litoral, gobernados por cabañeros e invernadores cuya tendencia es producir a bajo costo en un mercado de poco poder adquisitivo para cumplir la función asignada en la división internacional del trabajo como abastecedores ultramarinos de las metrópolis.
Esta incongruencia es difícil de explicar, pero no son ajenos a ella el prestigio social del Litoral y la incapacidad burguesa de los del interior en los respectivos grupos patronales. Esta gente de Cuyo y del Norte es muchas veces portadora de apellidos españoles de abolengo arribeño, de mucho mayor cotización histórica que los abajeños del puerto. Pero queriendo asimilarse a la alta clase del puerto se han sometido a las normas políticas e ideológicas de los principales. De "bien" provincianos, quieren ser "bien" en la Capital. ¿Cómo extrañar entonces que los guarangos frustrados del Litoral se hagan tilingos, si la misma tilinguería la padecen muchos aristocráticos descendientes de la Conquista por el Perú?
La tilinguería cotiza una marca de vino, un tabaco, un pomelo, o una palta, muy por debajo de un toro lleno de medallas. Se entra muy bien en la alta sociedad llevando de la rienda al toro, pero es difícil mostrando una botella de vino por lujosa que sea la etiqueta, por más sugestiones de chateau que evoque, tanto en la presentación como en la exquisita calidad del producto.
A un cuarto de siglo de la entrada del país al capitalismo, debemos recordar que el capitalismo naciente en la Argentina fue ajeno en sus hombres al hecho histórico que lo provocaba, produciéndose la paradoja de que le correspondiese a la clase obrera abrir la etapa del desarrollo económico burgués. Más aún: la nueva burguesía sigue aún incapacitada para jugar su papel, y es precisamente porque en la medida que asciende, pierde conciencia de su propia realidad para hacer suya la imagen de importancia que le presenta el tilingo. Se queda en el "medio pelo" y, rechazando el triunfo burgués, se adecúa al remedo, a la imitación de la alta clase con la que cree tomar contacto cuando se acomoda a la imagen de alta sociedad que le brindan los declasados.
Hubo un tiempo en que los venidos a menos económica y socialmente se jactaban de ser un pequeño sector domiciliado en el "Palacio de los Patos" de la calle Ugarteche. Ahora se han multiplicado. desde detrás de la Recoleta hasta San Fernando, a lo largo de las vías del Central Argentino. (Lo designo así porque la nueva nominación ferroviaria es completamente tilinga, aunque la hayan hecho los guarangos, lo que prueba que, en esta materia, todos tenemos tejado de vidrio.)
Landrú ha identificado perfectamente los personajes describiendo en el "gordi" y el "mersa" la oposición tilinguería-guaranguería. El botellero próspero, con su Valiant resplandeciente, es feliz echándole soda al vino de marca, ocupando las mesas de los restaurantes caros, hablando fuerte de lo que dijo-"su señora", mientras "cena".
Está en el camino de constituir una burguesía. Todavía no tiene conciencia de que constituye un sector de la sociedad correspondiente a una etapa de la economía, y no ha alcanzado a comprender la correspondencia de sus intereses personales con los intereses de su grupo. Hijo de sus aptitudes capitalistas -aunque muchas veces también más de la inflación que de su capacidad, o de equívocas actividades comerciales-, está en el camino de constituir una burguesía. Pero en el momento de definirse como burgués y adquirir la psicología correspondiente, nota el contraste de sus gustos y normas con lo que es "bien".
Desde que se ha mudado al barrio Norte, desde Gerli o Quilmes, y la "señora" ha olvidado la batea deslumbrada por la máquina de lavar, ha hecho nuevos contactos que le dan la idea de una meta social que tiene que alcanzar. Comienza él también a añorar la época en que "el servicio daba gusto" y en que el obrero -el "negro"- se mantenía "donde debe estar". Olvida de inmediato que es precisamente ese cambio el padre de su prosperidad y de su posibilidad de acceso a niveles más altos. Más aún. que el mantenimiento de ese cambio y su profundización es su única garantía. Quiere dejar de ser "mersa" y sólo logra ser "gordi". E inmediatamente tiene el complejo político del "gordi", a quien comienza a imitar.
Y comienza a imitar a una imitación, tomando por modelo las malas copias. Porque la tilinguería constituida por las "gordis" no es ni remotamente la alta clase a la que cree aproximarse.
Desde la época en que los declasados se refugiaban en la calle Ugarteche, todo el "Norte" liminar se ha llenado de falsos declasados. Se ha constituido un sector social entero que vive en la convención de que "todo tiempo pasado fue mejor" en aquella "Jauja" retrospectiva -"cuando la tía Leonor tenía Lando"-; de miles de familias que se aterran al recuerdo de un ascendiente que figuró algo en la segunda y la tercera línea de los amanuenses de la oligarquía, Descendientes de militares -un oficio generalmente despreciado por la alta clase-, de secretarios de juzgados, directores de oficinas, bancarios pueblerinos y hasta de conscriptos de Curu-malal, se han construido imaginativamente un pasado señoril que tratan de revivir en una vida forzada que absorbe casi todos sus recursos en gastos de representación.
Revista Confirmado
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2014.07.29 08:37 _Aleyandro I wrote: an energetic nutjob tries to break in

Well, actually I really don't know how to write very well in english, so I'm switching to spanish now:
Un loco (sí, loco es la palabra correcta) trata de entrar en la heladería, gritando desesperadamente su necesidad y deseo de un helado de pistacho, pero la falta de dinero mantiene su necesidad y deseo al margen de... bueno, de nada, nulo, lo deja completamente con las ganas. Dentro de la heladería, más bien de la gelatería (si es que hay alguna diferencia entre el helado y el gelato, aparte del nombre italiano de uno y el hispano del otro), estaban tres ancianos que recién salían por primera vez del asilo. Se escaparon, de hecho. En otra mesa, dos niños de unos doce años, vestidos con el uniforme de sus respectivos colegio, y considerando la hora y la distancia entre la gelatería y el colegio, seguramente se escaparon de clases. De pie, esperando su orden, una atractiva, alta y blanca mujer, con un vestido de flores ocultando su exótico cuerpo, y con exótico no me refiero a una mujer similar a un elefante del zoológico, que es exótico, pero no como una mujer así, esta mujer es exótica como... como Shakira.
Seis clientes y dos colaboradores se convirtieron en futuras víctimas de un inestable ser que trataba de conseguir su helado de pistacho a toda costa. Tras unos segundos de silencio, el hombre -esperando que alguien le abriera la puerta-, se dio cuenta de que la puerta estaba desenllavada y entró con tranquilidad. Y con la misma tranquilidad, le pidió a todos que se tiraran al piso con las manos sobre la cabeza, menos a la mujer, a ella le pidió un beso, lo que sería suficiente para ganarse su ticket fuera del asalto, cosa que hizo inmediatamente, y que, aparentemente, disfrutó, porque no fue un beso normal que le darías a un ladrón de gelatos que asalta una gelatería, si no un beso que le darías a alguien en la tercera cita en la puerta de tu casa justo antes de invitarlo a "tomar una taza de café". Ese tipo de beso. El ladrón, anonadado, le pidió su número y que se fuera antes de que llamaran a la policía. Segundos después, escucharon un ruido estrepitoso afuera y todos voltearon a ver de qué se trataba, y era nada más y nada menos que Robert De Niro, el famoso actor italoamericano, reconocido a nivel internacional por tantas películas que ha hecho.
Robert entró a la gelatería, le quitó el arma al ladrón, le apuntó en la cabeza, y le dijo "hijo, esto no es lo tuyo, andate a tu casa."
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